Apuntes sobre la cocina fusion escritos por una que lee recetas al azar y las realiza al revés.
viernes, marzo 4
Hoy, mañana, ayer...
El lado oscuro del corazón.
Sorpresas del pasado, que me han recordado de cosas olvidadas.
Cuanta nostalgia se siente por las cosas que se están por vivir.
miércoles, febrero 23
El no ser del ser
Tan sólo cambia el envase: la materia es la misma. La imitación de la vida.
Para seguir hay que dejar un espacio entre el acto y su imitación.
El gesto actuativo nos lo exige. De otro modo, sería como hacer el amor y comer en el mismo instante y así se violarían las reglas del performance. No en vano se traduce como interpretación.
Uno no es en el momento en que es; al serlo, deja de ser.
sábado, febrero 19
Hoy quiero hablar del circo.
El espectáculo es una maravilla artística, técnica (en todos los aspectos, desde la construcción del escenario, la coreografía, el atleticismo, los trajes) y musical. La destreza se combina con el lirismo de los gestos, de la postura, del delicado equilibro arlequinesco entre la tristeza y la alegría exuberante. Entre saltos y contorsiones de cuerpo, me puse a pensar en la poesía, en qué es lo que realmente nos aporta la ceremonia, la concentración y cuál fue el origen de la conciencia ritual del ser humano. Tópicos que sé que han sido investigados e incluso tendré por allí las referencias bibliográficas con las páginas específicas. Pero aquí no me interesan los libros ni los teóricos.
Quiero imaginar el primer momento en el que levantar los brazos hacia el cielo significara una cosa; el primer momento en que se señaló la gratitud así como el reconocimiento de un público por medio de una reverencia; el primer momento en que se hizo conciente de estar ante el público. Mientras recorría esas ideas, se me ocurrió una cosa, planteada de una forma interrogativa: ¿acaso echaba yo de menos interpretar en el escenario? El hecho de haber estado frente a tanta gente durante gran parte de mi vida me ha moldeado y por supuesto que ha dejado su huella. Pero entonces me vi evitando la respuesta, o al menos evadiendo la pregunta. ¿Entonces?
Mi respuesta se ha dado en otra época, en boca de uno mucho más sabio que yo, pues según Boecio, hay tres tipos de músicos: los que tocan instrumentos musicales, los que componen cantos, y los que juzgan la ejecución instrumental y los cantos. De estos tres, el último es el que verdaderamente se llama músico, pues se basa en el uso de la razón (cita robada de una tesis doctoral; gracias, Mario). No es lo que dirían los músicos de hoy.
Interpretar en el escenario me gustaba. Yo era muy sensible a la sinergia, sabía manipular la atención de los oyentes, cuando terminaba de tocar, el público tardaba unos segundos en comenzar el aplauso; todos indicios buenos para un intérprete. Pero para poder interpretar, yo necesitaba leer. Para "contar las historias" de la música, era preciso sentir la música de las palabras y sentir también la gramática de la música para luego recitar melodías trágicas, para recitar pensamientos íntimos, para recitar acusaciones, formulaciones, imitaciones y aproximaciones de nuestra comunicación verbal.
Estar en el escenario me enseñó la supremacia de las artes para filtrar y cristalizar todo gesto humano, todo momento trivial en un constante fluir de arcos y arabescos que parecen llevarnos desde el comienzo hasta el fin de nuestra vida, cuando de verdad se remontan hacia un comienzo todo original que acabará de modo desconocido e incierto, desde nuestra perspectiva. Vistos por esta óptica, los saltos mortales de Alegría adquieren un tono más profundo y a la vez más ecstático. La pregunta que hoy me hice a mí misma, sin embargo, queda sin contestar. Es decir, si se trata de decir que sí o no.
jueves, febrero 17
Enigma resuelto
Waldstein, en do mayor.
El teclado del computador....
Waldstein, en do mayor y la primera nota que fallé ha sido una de las teclas negras...
El teclado del computador....
Dos pasitos más y entendí la razón por el error que sigo haciendo en mi sueño: el teclado de mi computador no tiene teclas negras.
Entonces, sí, Sogni, voy bien con la tesis. Al menos los sueños me lo indican así.
martes, febrero 15
Sueño musical: la Sonata "Waldstein", op. 53 de Beethoven
Hace unos años, cuando fui a visitar a mi hermana, llegué a Toronto y fui directamente al estudio de su maestro, donde estudiaba todos los días. Al entrar, se intercambiaron los sólitos saludos a exclamaciones que sólo las hermanas podrán entender, de esos que demuestran plenamente una conexión lingüística muy particular. Mi hermana me mostró una canción que tenía que aprender, yo canté la parte vocal. Luego tocó algo para mí y le hice algunas sugerencias. Luego, como había dos pianos, me senté en el otro e improvisadamente las dos, sin decirnos nada, empezamos a tocar en el mismo instante la sonata "Waldstein" de Beethoven, incluso fallamos la misma nota, sustituyéndola con la misma equivocada. Pues nada, fue una ejecución brevísima, versión carcajadas de proporción cardíaca.
En el sueño:
Entonces, me senté en el piano, no sé dónde estaba, no era mi casa, ni el estudio de ninguno de mis antiguos maestros, pero fue un espacio amplio, detrás de mí estaba alguien y sospecho que ese alguien era como el espectro de Leon Fleisher, o alguien de su status. Y curiosamente (pero si llevo meses sin tocar el piano) me sentía muy cómoda, como si hubiera estudiado mucho en los últimos días, y empecé a tocar la Waldstein. Por supuesto que hice el mismo error, aunque no sabré nunca por qué lo hago, sólo que para mí, las tonalidades son casi como distintos idiomas, y yo no manejo muy bien la de do mayor.
Tiro más a fa menor, re menor al máximo, y si me prometes una cena maravillosa, quizás, puedo producir algo en si bemol mayor. De allí viene mi curiosidad por saber por qué los compositores escogían ciertas tonalidades para sus composiciones; por qué uno componía una marcha fúnebre en si bemol menor, o un concierto triunfante en mi bemol mayor, una sonata de tenor puro en do mayor, una polonesa fantasía en fa menor: Eso. Una Polonesa Fantasía en fa menor.
Esta obra, de Chopin, selló mi destino como pianista. Mi hermana, por ejemplo, dice que no hay otra obra para ella como la Fantasía de Schumann, que ésta es su gran amor, como lo es para mí la Polonesa Fantasía. Desde que noté que me sentía extraña en otras tonalidades, como si el piano se convirtiese en un elefante o en un empujatierra, supe que mi futuro como pianista estaba en grande peligro.
Hace unos años falleció uno de mis maestros. Un pianista de origen polaco que nunca había conocido a su padre y que desde muy joven había crecido en Canadá. Nos conocimos en Banff, en el Centro de Bellas Artes, durante las sesiones de verano. Mira qué rollo: la primera vez que toqué para él, creo que toqué la Waldstein. Habría que hacer la cuenta cronológica, porque estoy convencida que nuestra asociación se concretaba a base de la Polonesa Fantasía. Su pareja, que confundía a mi hermana conmigo, se sorprendió al enterarse de que yo había dejado la música. Lo cual es un gran cumplido que acepto sólo con mucha reverencia y respeto por uno que sentía la música de Chopin no con su corazón, pero desde lo más íntimo y lo más oscuro de su alma.
Que, por cierto, estaré siempre agradecida a nuestro amigo y maestro Marek por compartir con nosotros sus lecciones eternamente sensibles...
Mango cocina
Y repito, que nunca he estado en Corea. Pero crecí hablando un coreano sin acento, no me hablaban ni me contestaban si yo hablaba inglés. Esto era grave, por supuesto, cuando se trataba de comer. En cuanto a la comida, mis padres me llevaban con tanto orgullo a casa de sus amigos, a presentarles ese fenómeno que habían criado, que sabía decir más de una frase completa en un coreano perfecto, que comía la comida más inusual, más picante y más alejada de cualquier concepto gastronómico norteamericano.
En estos días, me ocupo de un poeta español del Siglo de Oro, entonces no me queda más por poner aquí, sólo quería escaparme del inglés por un momentico.
El inglés me cansa.
Me enrolla el cerebro de tal manera que empiezo a extrañar aquellos momentos en que me cansaba escuchar el griego durante todo el día.
Ah, pero esto ya es otra historia.
viernes, febrero 11
La continuidad de los parques
En aquel mismísimo instante, señorita Park, la hermana mayor de la arriba mencionada señorita Park, ambas fijas del mismo señor Park, estaba en una tienda, buscando una tarjeta para mandar a su hermana y a su madre, que les esperan regalos aquí en su casa (y si antes no lo fueran, ahora son) para el día de San Valentín.
martes, febrero 8
Los lapsos lingüísticos
-Hola clase, hoy vamos a hablar sobre las tórridas de coro.
Me doy cuenta y los estudiantes, al escuchar el lapso, lo encuentran gracioso, pero sin captar el lapso significativo.
Continúo:
-...que, por cierto, tiene su propio sentido también.
Aparte del sonido, ¿no es curiosa la manera en que se complementan?
domingo, febrero 6
La diferencia entre Chopin y Bach
Bach, en cambio, es pura matemática. Es decir, que tocar su música es como solucionar problemas de la matemática. Uno no puede tocarla sin haber estudiado la duración precisa de las notas, el número exacto de compases; no se puede salir de la línea. No se trata de la precisión humana, sino de la menuda pequeñez del ser humano frente al perfecto diseño de un universo continuo y eterno de todas las épocas, que fluye desde el origen hasta el fin, que en esa continuidad es, al mismo tiempo, el mismo origen. No bromeo, ni deliro, ni pretendo ser capaz de describir la sensación de "tocar" bien una fuga de Bach. Uno no está tocando en ese momento, es como si la fuga saliera por sí misma. Cada nota procede a la próxima de manera tan fluida que uno ni siquiera percibe los cambios de tono. Es arquitectura, pero arquitectura que imita las esferas y que te abre lo más íntimo de tu alma hasta hacerte perder el sentido del tiempo. Uno deja de respirar conscientemente y sólo es cuestión de sentir el entrar y salir del aire de los pulmones...y no se puede caer en la tentación de "tocar bien" o "tocar mejor"...porque una fuga de Bach nos enseña que todo comienza antes de nosotros y continúa después de nosotros.
Por eso que no soporto que la gente me diga (con esa sonrisita) que la música clásica "is so relaxing". Y yo que no puedo hacer nada cuando escucho la música de Bach, que pierdo la capacidad de hacer nada cuando siento cómo una como Martha Argerich arranca de mis manos todo lo que yo sabía de mis diez dedos, de las teclas--por lo que me enseñaron, entendí que las había de dos colores diferentes, pero hay que ver cómo se trastorna todo en manos de ella--y me deja sin aliento, me desespera, me deja burlada, y como la buena demonia que es, se burla de todos que pretendan profesar algo de amor por la música y sobre todo, por ella.
Y si ahora escribo estas cosas, es que no supe hacerlo en su momento.
En aquel momento, lo que habría dado yo por saber aún menos.
sábado, febrero 5
Cosas que no he hecho
-Entonces perdiste una ocasión para tomarme el pelo. Pudiste haberme regañado y yo te habría agradecido de corazón semejante toma de consciencia.
-No, pero imagínate si me hubieras dicho que tú habías comprado el mismo libro y que hoy mismo te llegó el tuyo.
-Buena observación. Entonces soy yo la que me perdí una buena broma también.
Pero hoy me llegó un libro que me mandaron hace un mes y un día, que se titula Fotografías que no he hecho. Un librito precioso, impreso en Salamanca la víspera de Navidad de 2004, que se cuenta entre los ciento cincuenta ejemplares numerados y personalizados a mano por el autor. Lamento decir que mientras cortaba las páginas, algunas quedaron seriamente mutiladas, pero igual quedan como testimonio de mi ansioso entusiasmo por ingerir su contenido. Hubiera hecho al menos un ensayo con otra página para perfeccionar mi técnica de abrir las páginas (es que nací en la época de los libros pre-fabricados con páginas pre-cortadas, non c'è altro), porque en definitiva las segunda y tercera veces logré separar las páginas-gemelas con un movimiento limpio y acertado.
Luego de pasar la mitad del librito, se me intensificó una impaciencia urgente, como la de una niña en la víspera de Navidad, que no sabe si recibirá un regalo, que quiere saber, que quiere ver, que no puede esperar más....y zas. Casi pierdo una página entera, cosa que me da pena, pero la letra se conserva. El contenido ha quedado intacto. No se ha perturbado ni la más mínima letra. Bien. Tampoco las fotografías que no se han hecho.
Pero mientras examinaba la letra, la memoria giraba hacia el recuerdo casual de otro momento en que me demostré tan impaciente, tan niña. Los tres estábamos en la cocina de mi mejor amigo durante mis años en la Escuela de Música. Los tres éramos pianistas y fue durante Pascua, precisamente el día en que teníamos que pintar los cascarones de huevo. Entonces era como volver a la infancia, tres adultos que por esas tres horas habían recreado una infancia colectiva en la que nos conocíamos de niño-adultos, sentados en la mesa, cada uno con una docena de huevos. Nicolas, québécois, él del alma tan dulce, me mostraba cómo se hacía un agujero pequeño en los dos extremos del cascarón, y soplando en uno de ellos se hacía salir los contenidos del huevo hasta quedar sólo con el cascarón, el cual se pintaba luego. Habríamos pintado escenas locas, estoy segura, sólo que ahora no recuerdo, porque el recuerdo que eclipsa todos los demás recuerdos es el en que empecé a ponerme impaciente, y Nicolas, que me veía así, empezaba a reír muy dulcemente, como un abuelo indulgente, y luego ¡paf! y se explotó un huevo entero en mis pantalones, con lo cual los tres empezamos a reírnos a carcajadas interminables. Teníamos que estar en la Escuela de Música en menos de media hora para asistir a un concierto (tampoco recuerdo de quién), y con el poco tiempo que nos quedaba, lo más prudente fue que me pusiera los pantalones de Nicolas y así, los tres, felices de la vida y cómplices de una explosión ovular, nos fuimos marchando hacia el concierto.
Éstas son memorias irrecuperables. Nicolas murió poco después, durante una operación sencilla pero delicadísima. Por lo cual sujeto contra mi pecho tanto más celosamente esta memoria que no he olvidado.
jueves, febrero 3
Ay, qué fatiga.
-Y Ud., ¿por qué nunca se ha casado?
-Supongo que no he encontrado la persona adecuada. ¿Y tú? ¿Piensas casarte algún día?
-¿Quién, yo? No, no quiero cansarme.
-No, dije, ca-sar-te y no can-sar-te.
-Ah, bueno. Peor todavía.
Diálogo sobre el matrimonio, parte 2a:
-Vamos a tirar.
-No, chamo, quiero casarme primero.
-Bueno, primero te cazo, luego te casas.
-¿Y tú?
-¿Y yo, qué?
-Qué rata eres. Bueno, vamos a tirar.
Diálogo entre ex-novios:
-Mira, estoy en el supermercado. Dentro de poco voy para tu casa.
-Ah bien, estaba empezando a preparar las cosas para cenar.
-Por cierto, ¿necesitas que te compre algo?
-Emmmmmm, bueno, quizás...ehhh, sí.
-¿Qué es? Dímelo ya, que estoy apurado.
-Una caja de...
-Ya sé, ya sé. No te preocupes. A mí no me da vergüenza comprar esas cosas de mujeres, menos mal que a uds. les toca sólo una vez al mes.
-No, no, cariño.
-¿Entonces?
-Este.., ¿me compras una caja de preservativos?
-(silencio)
-...bien grandes, por favor.
-(silencio)
-...bueno, entonces nos vemos en un ratico. Te esperamos en la habitación, ya sabes...eres un cielo.
El seso más débil
-¿Qué te pasa? ¿Estás enferma?
-Che, sí....un poco de resfrío. Y diserta que "cada persona tiene su parte débil del cuerpo": La mía es la garganta.
A lo que yo le respondo, "Y la mía es el seso".
Con lo cual me queda mirando estupefacta ante tal aberración.
-No, no, es decir, el se-so, no el se-xo.
Pero, a decir verdad, habría que pensarlo bien.
Al fin y al cabo, puede resultar que la lengua sea más eficaz que el seso.
miércoles, febrero 2
Una storia d'amore paraculo
Incluso Traveler sostenía que se había enamorado de Talita exactamente en el momento en que ella, bajando los ojos, trataba de explicarle por qué el supositorio era más activo después y no antes de una buena evacuación del vientre.
--Desgraciado--decía Talita a la hora de las rememoraciones--. Bien que entendías las instrucciones, pero te hacías el sonso para que yo te lo tuviera que explicar.
--Una farmacéutica está al servicio de la verdad, aunque se localice en los sitios más íntimos. Si supieras con qué emoción me puse el primer supositorio esa tarde, después de dejarte. Era enorme y verde.
--El eucaliptus --decía Talita--. Alegrate de que no te vendí esos que huelen a ajo a veinte metros.
(Rayuela, cap. 37)
miércoles, enero 19
Horacio
"Se moriría sin llegar a su kibbutz pero su kibbutz estaba allí, lejos pero estaba y él sabía que estaba porque era hijo de su deseo, era su deseo así como él era su deseo y el mundo o la representación del mundo eran deseo, eran su deseo o el deseo, no importaba demasiado a esa hora."
Ni tampoco importa a esta hora. Lo esencial es que se continúe el juego.
jueves, enero 6
Rodando
London se sitúa entre Windsor y Toronto: o sea, entre EE.UU. y, según dicen algunos, una ciudad que pretende ser americana. Los canadienses, a pesar de su proximidad a la frontera de Bushlandia, se sienten lejos de los pecados de este país, se distancian. Mantienen una ortografía distinta, tienen un nivel superior de educación, hablan con más finura, son más sutiles a la hora de contar chistes y de bromear, gracias a su herencia británica, y cabe recordar que son queridos dondequiera que vayan por el mundo, a diferencia de sus vecinos.
Se sienten incluso superiores a éstos. La crítica contra Bush es fortísima, el menosprecio de los americanos, o al menos, del estereotipo de los americanos escandalosos, dominantes y jactosos, moneda común. Por otro lado, uno podría decir que en Canadá la gente es más reprimida. Lo cierto es que anda mucho más abrigada, o al menos, éste es el estereotipo que se quiere propagar de mi "patria". La realidad nos indica que en Canadá las temperaturas se asemejan cada vez más a las de la Florida....bueno, quizás exagero un poquito, pero ya no hay inviernos asombrosos con casi un metro de nieve hasta marzo.
Hay muchas cosas que ya no conozco de Canadá. Ya no recuerdo cómo funciona el sistema académico. Ya no reconozco la moneda; los billetes han cambiado y al parecer, su estilo imita al del euro. Para mí, no obstante las incomodidades de ser a menudo la única asiática en mi clase (pero otra más en el mundo de la música clásica), yo me aferro a mi identidad como canadiense. Incluso hay cosas de mi lado coreano que me incomodan todavía, al mismo tiempo que otras cosas me consuelan en tiempos de estrés.
En Canadá, se cree en el mosaico cultural. No es que no haya racismo ni discriminación. Los hay, los hay. Por mi parte, he venido asumiendo tal política cultural, lo cual me ha brindado los siguientes resultados: Ya no tengo nada en común con los canadienses que nunca han vivido en los Estados Unidos; tampoco estoy a gusto entre los estadounidenses que dicen, sin haber visto nunca mi país, que Canadá es igual a EE.UU.; entre coreanos hay cierta confianza, pero siento una laguna enorme de conocimiento cultural; he ampliado mi repertorio cultural hasta tal punto que hablar de cultura me da asco.
¿Qué cultura? ¿De quién? ¿Por qué? Me encuentro fuera de todas, y metida al mismo tiempo en una deliciosa mezcla cultural en el contexto de mi burbuja académica. Yo pienso sólo en términos de límites, fronteras y horizontes. Tengo mis destinaciones predilectas, mis puntos de referencia elegidos por mí misma, una definición propiamente mía. Desde tal perspectiva, yo no me uno a ninguna cultura en particular, a la vez que asimilo todo lo que me guste de cada cultura que llego a conocer.
Así que, rodando vine y rodando voy hacia nuevos horizontes y nuevos destinos.
domingo, enero 2
Desafinado
Você com a sua música You with your music
esqueceu o principal forgot the main thing
é que no peito is that in the chest
dos desafinados of those out of tune
No fundo do peito Deep within the chest
bate calado beating quietly
Que no peito That in the chest
dos desafinados of those out of tune
também bate um coração a heart also beats
(suenho de hace unos dias)
Estoy en mi habitacion en mi casa en Bloomington. Recuerdo con claridad la funda de edredon (azul moreno con un disenho geometrico, seudo-indio). D. esta sentado en la cama, observandome mientras yo me distraigo buscando un cigarro. Cuando encuentro uno, veo que esta algo doblado y noto las arrugas en el papel del cigarro. Luego busco un cenicero, y descubro el azul (de vidrio, con alambre de cobre) que hice hace casi siete anhos. D. me habla mientras abro y cierro los archivos de la clase: vacios porque ya les habia devuelto la tarea a los estudiantes al final del semestre. Yo le dirijo unas cuantas palabras a D., pero la ultima cosa que le digo, que es la unica cosa que recuerdo de lo que le decia es: "...y pensar que yo me deje besar por ti." Palabras exactas del suenho, porque hablamos en espanhol.
Pon el titulo y asi no habra confusion
Estoy en un aula cuyas paredes estan decoradas de pinturas y dibujos hechos por los ninhos de la escuela primaria. En las sillas bajisimas estan sentados mis estudiantes de S275 (curso de cultura y civilizacion del mundo hispano), en sus grupos de cuatro o cinco personas. Reconozco a una de ellos, pero lleva un peinado como el tipico de las cantantes de musica "country" de los anhos 70. Ella me mira atenta. Explico a su grupo lo que tienen que hacer, luego paso a otra aula contigua a esta, donde hay otro grupo de estudiantes. Aparentemente tienen que cortar con tijeras varias imagenes de las revistas que les habia repartido antes. Un grupo en particular no entiende nada de lo que debe hacer. Les pregunto si tienen una revista. Cuando me dicen que no, les doy otra. Cuando me preguntan que es lo que tienen que hacer con ella, les repito las instrucciones, haciendo esfuerzos por disimular mi impaciencia. Uno de los chicos trata de realizarlas, pero le corrijo, diciendo que en vez de cortar al azar, hay que cortar un cuadro perfecto. Le explico que hay que poner el titulo debajo de la imagen para aclarar lo que representa (se trata de imagenes de gambas fritas, ensalada Caesar y salsa coctel).
Indico con el dedo donde que hay que poner el titulo, que "si es salsa coctel, hay que escribir salsa coctel".
-Pero por que? Ya no es suficiente con la imagen?
-No, como va a saber la gente, que no tiene la misma informacion que tu? Pon el titulo y asi no habra confusion.
Pues bien, pongamos el titulo y asi no habra confusion.
sábado, enero 1
Espejos y espejismos: No hagamos literatura
Cuando mi hermana se quejaba por meses seguidos de una amiga y su hipocresia, yo le decia: "The mirror always points outwards". Es decir que el espejo, en vez de facilitarle la autoreflexion, vino a representar un criterio para criticar a todos menos a si misma. Una mostraba al mundo lo que queria que todos vieran. Asi se esforzaba porque todos se vieran reflejados de modo alagador, en vez de encarar la verdad y ofrecersela a los demas.
El espejismo que se crea nos tuerce la realidad y la pone de lado. Un circulo rojo para una persona es un triangulo anaranjado para otra; pero igual si se encuentran en la calle a las dos de la madrugada, que importa que lo que es redondo para uno sea dolor para otro?
En Rayuela, Horacio acompanha a una pianista que vive en el pasado en un capitulo senhalado por Andres Amoros en su introduccion a la novela. Una pianista que no se da cuenta de la verdad penosa (para Horacio): su gloria ya ha pasado, si es que la hubo de veras. En cualquier caso, lo que empieza como reticencia por parte de Oliveira (el mismo Horacio) se truca por su valentia repentina e inexplicable frente a la embarazosa situacion de la pianista. Si bien Amoros afirma que esta "novela" comprende una obra de "prosa poetica", puede anhadirse que la tecnica reside en la improvisacion al estilo del jazz de los modelos mencionados por el protagonista. Horacio, el que guarda la hora durante la noche, se presenta aqui como oyente constante de todo tipo de musica. Horacio no habla el lenguaje de las palabras sino que escucha las notas, el ritmo, el vuelo del trompetista hacia el orgasmo, climax que nuestro protagonista no parece ser capaz de lograr durante el acto sexual. Igual no le importa.
La figura de la pianista confiada recuerda la del protagonista de "Der Tod in Venedig" (sin comentario), y una de la pelicula de Denys Arcand, "Jesus de Montreal". El grupo de teatro presenta su obra en varios sitios; tras cada representacion, se les acerca una senhora de cierta edad (se le sabe por el maquillaje) que se seca las ultimas lagrimas y --con la mano sobre el corazon-- pronuncia entre suspiros que "vous m'avez tellement impressionee que j'ai commence' a pleurer" (prometo poner los acentos en cuanto pueda). Jura cada vez que esa ha sido la mejor representacion que nunca ha hecho el grupo, frase que comprueba lo vacias que son sus palabras.
Cosa que poco importa, si bien todo en la vida es actuacion. En realidad, las palabras de dicha senhora parodian el momento actuativo del grupo de teatro. El dilema segismundiano no ha cambiado mucho a lo largo de los siglos; tampoco efectúa grandes cambios un paso a otros generos, de otras culturas. Quien actua o interpreta desde el escenario viste la verdad de mentiras; quien miente a los actores hace el contrario. Quien acompanha a una pianista hasta donde vive, vistiendo el frances que oye de palabras y frases en el espanhol que ve el lector, hace lo mismo.
Que acaso no se sabe bien el limite entre los espejos y los espejismos.
Pero no hagamos literatura. Eso si que no.
Horacio solo queria sentirse mas humano de lo que le es posible, por ser invencion literaria.
Pero si acaso suda y huele a vodka, café y humo?
viernes, diciembre 31
Roogie ("Rugui") Mogg and Danni Smoog
Personajes del suenho de anoche:
Estoy en una habitacion cuya ventana esta' tapada por una persiana blanca y una cortina blanca y muy fina (como en casa de mis padres). Es mi habitacion de la residencia estudiantil; me explican que aqui en caso de un incendio, me vendran a buscar los bomberos, como en cualquier otra residencia o apartamento de la universidad.
Tengo dos vecinos: uno que se llama Roogie Mogg y otro que se llama Danni Smoog.
Estoy caminando afuera, acompanhada de un colega de mi departamento en la universidad. Mientras andamos de un edificio a otro, le explico que quiero hacer la tesis en nueve meses y que no pienso maquillarme durante ese periodo ni banharme mas de una vez a la semana. Mi colega me responde:
-Una vez a la semana ya es mucho para mi.
Cruzamos el cesped, pasando un arbusto; hace sol y muy cerca de nosotros va pasando gente. A unos diez metros hay una calle por la cual pasa un poco de trafico. Al entrar en el edificio, que es donde vivo, el colega me comenta que para hacer la tesis en el tiempo indicado, hay que trabajar a tope. Hay que entregarse por completo a la tarea. Aqui es donde le contesto con lo del maquillaje y de banharme solo una vez a la semana.
Entonces, vamos llegando a mi habitacion y mi colega me pregunta por mis vecinos. Estoy pensando que hace mucho tiempo que no vivia en una residencia estudiantil (y eso que solo lo aguante por tres meses); justo por la proximidad de los vecinos estoy un poco incomoda.
-Uno se llama Danni Smoog.
-Ah, ella es tu vecina...
-(Ella?)
-Si, ella forma parte de una banda (de musica "alternativa"). Genial. Son muy conocidos.
-Y el otro vecino es Roogie Mogg.
-Ah, el famoso comico? Entonces te divertiras mucho viviendo aqui.
(Me despiertan)
martes, diciembre 28
Estudio Op. 10, no. 12, el "Revolucionario"
Apenas escrito lo anterior sobre Chopin, se me presentó la otra cara de la moneda. Además de su enfermedad, tema del libro The Long Suffering of Chopin (ver aquí un artículo sobre el tema), su amor por Constanza Gladkowska, su relación con George Sand, su temperamento delicado y aristocrático, hay que recordar (como si fuera poco) su doble ascendencia: francesa por la línea paterna y polaca por la de la madre. De allí que se bosqueja una fuerte identificación con la patria materna, la cual tiñe y hasta inunda el estudio op. 10, no. 12, que Chopin compondría en 1830, tras recibir la noticia que se había derrotado a la insurrección polaca. Un mes antes, le había dedicado su Concierto en mi menor a Constanza, por quien sentía un ardor "imposible de declarar, desgraciadamente". En las dos pasiones del compositor polaco-francés, se distingue siempre la nota melancólica de uno que está ajeno a sus propias circunstancias. El lirismo del concierto que le dedicó a Costanza cede paso a las escalas tumultuosas del estudio "revolucionario".
Cabe mencionar que este estudio aparece en la lista de repertorio de innumerables concursos dados en todas partes del mundo. Es tan fundamental en la formación de cualquier pianista como lo es la oliva en el mediterráneo. Entonces cuando mi hermana me pidió consejos para tocarlo, se me ocurrió que había que tocarlo como si le importara un pito el mundo.* La imagen que se me trazó en la mente fue la de uno que está al borde de un precipicio, pero que no se siente ningún miedo a caerse ni a morir en el mismo instante. Hay que olvidarse de la música, no se logra nada ocupándose del fraseo ni del timing. Todo viene de esa sensación vertiginosa, de provocarle miedo al público, que seguramente habrá oído este estudio mil veces en el último mes. Tocarlo con vértigo, con quizás una mirada final hacia atrás, pero hacia un pasado que ya no existe, hacia una patria que se ha borrado. Pero como el gesto poético de uno que en medio del campo de batalla escribe sus versos (otro día se pensará sobre Montale), el poeta se interrumpe y se arroja alocado de su sitio precario al borde del precipicio. Un campo ideal será, pues Chopin componía lejos de Varsovia, desde su sala en Viena.
Pero igual hay que pegarle un susto increíble a quien tenga la mala fortuna de acercarse a ese campo, a ese precipicio revolucionario, porque en la locura es donde reside la máxima cordura.
Otros artículos: Revista clásica, El Festival Chopin en Mallorca